martes, 27 de abril de 2021

EL CAPITÁN DEL SARASTONE INTENTÓ EMBARRANCAR EN LA PLAYA DE MAZAGÓN

Por haber comerciado con puertos rojos del norte de España durante la guerra civil, el Sarastone, un mercante británico, había sido incluido por los vencedores en la llamada «lista negra», y fue bombardeado por un avión alemán a la salida de la Barra de Huelva el 29 de octubre de 1941.

Un moguereño fue el encargado de sacar al Sarastone desde el muelle hasta la Barra

 El moguereño Pelayo Infantes Martínez, práctico del puerto de Huelva, fue el encargado de sacar al buque Sarastone desde el muelle de Tharsis, hasta la boca de la Barra, donde fue bombardeado por un avión alemán. El Sarastone era un mercante de mediano tonelaje con cuatro bodegas, dos delante y dos detrás, con la sala de máquinas y el puente de mando en el centro.

 

UN TRABAJO DE ESPIONAJE

Cuando el Sarastone zarpó del puerto de Huelva, el telegrafista del mercante italiano Gaeta, barco espía fondeado en la isla de Bacuta, se encerró en la sala de radio y transmitió su salida.

Adolfo Claus Kindt, jefe del servicio secreto militar alemán (Abwehr) en Huelva fue el responsable de las acciones de espionaje, contraespionaje y sabotaje contra los intereses británicos. Su hermano Luis Claus, informaba sobre el movimiento de los buques aliados. Adolfo Claus tenía en Huelva una amplia red de colaboradores a su servicio, principalmente personas vinculadas al puerto: empleados, estibadores, boteros, telefonistas, marineros, carabineros y guardas, provisionistas, etc.

Adolfo Clauss Kindt, jefe del servicio secreto militar alemán (Abwehr) en Huelva

Esta red de espionaje contaba con un reducido y selecto grupo de falangistas onubenses que constituían un núcleo muy activo. Uno de estos agentes era Miguel Garzón, telefonista del puerto, el enlace y hombre de confianza de Adolfo Claus en el tema portuario. Miguel Garzón Castaño trabajaba en los altos de las oficinas de la comisaría del puerto, allí estaba el cuarto de los guardas y la habitación aparte de la centralita telefónica para la Barra y zona interior del puerto. Mediante un teléfono de manubrio y a través de una línea interior, Garzón mantenía contacto con el vigía de la Barra que le transmitía los partes de incidencias habidas, entradas y salida de los barcos, tiempo atmosférico, estado de la mar, etc.

Casa del vigía


    
     Adolfo Claus mantenía además otro lugar de contacto con sus colaboradores, el “Bar La Palma”, en la Avenida de Italia, esquina a la calle Miguel Redondo, frente a la estación del tren. Allí, en un reservado del local se reunía muy temprano, a las seis de la mañana, nada más abrir, con un grupo de personas, generalmente marineros y estibadores del puerto, para darles directrices e instrucciones.

 La embajada británica hizo saber al Ministerio español de Asuntos Exteriores, que el ataque fue un plan cuidadosamente premeditado, en el que estaban en complot el Cuartel General del Aire alemán, agentes alemanes en Huelva y el mercante espía Gaeta.

 

EL ATAQUE SE PRODUJO CUANDO EL PRÁCTICO ABANDONÓ EL BARCO

Pelayo condujo al Sarastone hasta la entrada misma de la Barra, allí abandonó el barco y fue recogido por la canoa de los prácticos. No hizo la canoa más que distanciarse unos 300 m. del costado del buque, cuando sobre el cielo surgió el avión alemán. Los artilleros del Sarastone no tuvieron tiempo de reaccionar. Dos bombas cayeron entre el palo de proa y el puente de mando, en la bodega nº 2, sacudiendo el barco de proa a popa. En pocos segundos llamas y nubes de humo brotaron de las escotillas alcanzando una altura espectacular. El capitán desde el puente vio cómo el costado del mercante se desgarraba y empezaba a partirse por delante del puente de mando. La bodega nº 2 hacía agua. Sabía que no llegaría muy lejos, aún así trató de virar y poner rumbo a la costa en un intento de embarrancar en la cercana playa de Mazagón, pero no lo consiguió. El puente era ya un infierno llameante y el agua empezó a penetrar por todos lados, así que ordenó arriar los botes y desalojar el buque. Quince minutos duró la agonía del Sarastone. De los veintitrés marineros y seis artilleros que componían la dotación del buque, hubo que lamentar un desaparecido –el jefe de máquinas- y tres heridos. Todos los pesqueros que faenaban en las proximidades o regresaban a puerto empezaron a encender sus luces y a tocar las sirenas. Dos de ellos, Dos Hermanos y Teresa, que se aproximaban hacia la boca de la Barra, recogieron a los náufragos y los desembarcaron en Huelva.

Los restos del Sarastone siguen hundidos a la entrada de la Barra, en 37° 05' 10" N - 6° 48' 30" W.

Fotografías y texto extraído del libro Espías y neutrales: Huelva en la II Guerra Mundial, de Jesús Ramírez Copeiro del Villar.

 

José Antonio Mayo Abargues

Desembarco en Mazagón

Estas maniobras fueron una demostración ante el mundo, o mejor dicho, ante la alianza soviética, del poderío militar de EE.UU, en aquel periodo de tensión entre los bloques comunista y capitalista, conocido como la Guerra Fría.

Momento del desembarco en la playa de Mazagón

El próximo mes de octubre se cumplen cincuenta años de la Operación Lanza de Acero I, la mayor operación anfibia realizada después de la II Guerra Mundial. Estas maniobras tuvieron un coste de 10.300.000 dólares, y hubo que lamentar la muerte de trece soldados norteamericanos, nueve de ellos en un choque de dos helicópteros en pleno vuelo que iban cargados de material explosivo, y los otros cuatro perecieron al caer al mar el avión en el que volaban. A pesar de ello, la operación fue considerada un éxito, ya que la previsión inicial era de cincuenta bajas según el número de efectivos.

En la mañana del lunes 26 de octubre de 1964, cuando estaba a punto de amanecer, tropas hispano-americanas tomaban las playas de Mazagón por tres puntos a la vez, dando comienzo la Operación Lanza de Acero I. En esta operación participaron más de cien barcos, doscientos aviones y helicópteros, y cincuenta mil soldados españoles y norteamericanos Por el número de efectivos, la calidad del armamento y el tonelaje del material, fue calificada como la operación anfibia más importante después de la II Guerra Mundial.

            Estas maniobras fueron una demostración ante el mundo, o mejor dicho, ante la alianza soviética, del poderío militar de EE.UU, en aquel periodo de tensión entre los bloques comunista y capitalista, conocido como la Guerra Fría, que si bien es cierto que evitó un enfrentamiento armado aún peor que el de la II Guerra Mundial, también es cierto que fue el motivo que incitó a las dos potencias a la acumulación de los grandes arsenales de armas atómicas que hoy tenemos en el mundo.

El objetivo de la misión era ocupar esta franja de playa, cortar las vías de comunicación con Sevilla y eliminar al enemigo en la zona de operaciones, además de hacerse con el control de la capital, de Niebla y de la aldea de El Rocío, con el fin de restaurar la paz en “Próxima”, un país ficticio del sur que estaba en guerra con “Luchado”, otro país del norte. Como paso previo para que esta operación tuviera éxito, unos días antes se realizaron inspecciones de las zonas de ocupación por paracaidistas de la base de apoyo situada en Almería. Los paracaidistas aterrizaron en el Cerro del Villar, en el término municipal de Bonares, próximo a la carretera que une Bodegones con Mazagón. 

Un convoy en el camino de la playa

Aquella mañana del desembarco cogió de sorpresa a los vecinos de Mazagón, que se despertaron sobresaltados por el estrepitoso ruido de los aviones, de los barcos y de los carros de combate que salían de las lanchas de desembarco hacia los caminos de los acantilados. Muy pocos, casi nadie de los escasos habitantes que Mazagón tenía en aquella época, sabían de la existencia de estas maniobras, ya que la operación se dio a conocer un día antes, es decir, el domingo 25 de de octubre en el hotel Alfonso XIII de Sevilla, en una rueda de prensa a la que asistieron periodistas nacionales e internacionales, el subdirector general de Prensa, José Molina Plata, y los jefes de los Ejércitos de los Estados Unidos y de España.

En las inmediaciones de la playa de Mazagón se prepararon explanadas para el aterrizaje de helicópteros y se montaron los campamentos para albergar a las tropas. Hay que destacar que en este gran movimiento de tropas y vehículos, hubo un especial cuidado con la protección del medio ambiente, ya que los montes próximos habían sido repoblados recientemente de pinos y eucaliptos por el Ministerio de Agricultura, y con cada unidad que desembarcaba iban como guías unos guardias forestales para evitar el daño a esta zona. 

Las tropas marchan por los pinares de Mazagón

Las tropas norteamericanas instalaron un puesto de comunicaciones en la zona donde se encuentra hoy la Pensión Álvarez Quintero, junto a la choza del guarda forestal. Este puesto se comunicaba con un barco para coordinar las operaciones. La comunicación no se interrumpió ni un solo instante durante los cinco días que duró la Operación Lanza de Acero I. Los vecinos colindantes escuchaban día y noche aquellas conversaciones en lengua hispana, que no lograban entender, ya que utilizaban un alfabeto militar indescifrable.

Los marines habían traído todos los víveres de su país; lo traían todo enlatado, hasta el pan, pero cuando descubrieron el pan de Moguer, renunciaron al de lata. Les encantaba el pan de Moguer, se lo comían como si de un manjar se tratara. Muchos vecinos de Mazagón hacían cambalaches con ellos, les cambiaban el pan por latas de conserva; hubo otros vecinos que salían de sus casas cargados de botellas de bebidas alcohólicas y regresaban con los bolsillos llenos de dólares. Los marines solían hacer algunas compras en el economato del poblado forestal, sobre todo cerveza y otras bebidas alcohólicas. En el sótano de una vivienda de la Avenida Conquistadores había un pequeño negocio, una tasquita donde los pescadores iban a beber vino, y este sótano fue descubierto enseguida por los marines, que acudían a diario a tomar cerveza. El primer día, un marine le dijo al señor que regentaba aquel negocio, que cuánto le debía por la cerveza; el hombre le dijo que un duro, es decir, cinco pesetas. El marine sacó un dólar del bolsillo y lo puso en el mostrador, dándole las gracias, con la actitud de haberle parecido barata. Desde ese día la cerveza pasó a costar un dólar para todos los norteamericanos.

Estas maniobras fueron presenciadas desde una tribuna instalada en los acantilados de Mazagón por diversas personalidades militares españolas, entre las que se encontraban el ministro de Marina, almirante Nieto Antúnez, el jefe del Grupo Operativo del Estado Mayor de la Armada, almirante Lostán, y el general de división Fernández de Córdoba. Desde la fragata Martín Alonso Pinzón se dirigían las maniobras por parte de la Armada española; allí tenía el centro de operaciones el capitán general del Departamento Marítimo, el almirante Pascual Cervera. En el conjunto de las tropas españolas no hubo que lamentar ningún dramático accidente, aunque varios soldados sufrieron algunas bajas por heridas al volcar el jeep en el que circulaban. Sin embargo, en las tropas norteamericanas perdieron la vida trece soldados, nueve de ellos en un choque de dos helicópteros en pleno vuelo que iban cargados de material explosivo, y los otros cuatro perecieron al caer al mar el avión en el que volaban, perteneciente a la 32ª Escuadrilla Aérea Antisubmarina. A pesar de ello, esta operación fue considerada un éxito, ya que la previsión inicial era de cincuenta bajas según el número de efectivos. Los heridos en el choque de los helicópteros fueron trasladados al barco-hospital de la Flota Atlántica. Los medios de comunicación quisieron saber los nombres de aquellos fallecidos y las causas que habían provocado el accidente, pero los mandos militares mantuvieron un hermetismo sobre el suceso. El vicealmirante Joh McCain les negó esa información, diciendo que no iban a facilitar ningún nombre hasta que los peritos no terminaran de realizar el informe. 

Varias piezas eléctricas encontradas el pasado verano en la zona donde cayeron los helicópteros

Mi pasión “enfermiza” por la investigación, me llevó el pasado verano a localizar, junto con un grupo de amigos, encabezados por José Manuel Gómez Domínguez, los restos de estos helicópteros que se fundieron en un amasijo de acero y aluminio, entre el poblado forestal de Mazagón y el Instituto de Técnica Aeroespacial (INTA).

A las 17:30 horas, bajo un sol de justicia, comenzamos a caminar por un cortafuegos de arena, para luego adentrarnos en una zona de vegetación espesa, hasta llegar a una explanada de arena en forma de círculo, donde no crece una hierba desde aquella enorme explosión ocurrida hace cincuenta años. Íbamos preparados con rastrillos y azadones, pero apenas los utilizamos, pues nada más mover la arena con el pie empezaron a aparecer los primeros vestigios de aquel fatídico accidente. Descubrimos numerosas piezas entre un amasijo de acero y aluminio fundido: engranajes, rodamientos, resistencias, sondas, material eléctrico, hebillas de los cinturones de seguridad, etc.

Los restos de los helicópteros hallados en la zona donde cayeron. Llama la atención la esterilidad del terreno, un área en círculo donde no crece la hierba desde hace 50 años

Este artículo fue publicado en la revista Marzagón en julio de 2014

                                                                                                                José Antonio Mayo Abargues

Denegado el premio por el hallazgo de un cañón

Por incumplimiento de las obligaciones del descubridor, y propietario del inmueble, al no comunicar ni depositar el hallazgo en la forma y condiciones ordenadas por la Administración Cultural y la legislación vigente

Cañón del siglo XVIII en las dependencias del Cuartel de la Guardia Civil de Mazagón/J.A. Mayo 

BOJA núm. 27 Sevilla, 7 de febrero 2008

CONSEJERÍA DE CULTURA

 ANUNCIO de 13 de diciembre de 2007, de la Dirección General de Bienes Culturales, por el que se notifica a doña María Vivancos Anguita la Orden que acuerda denegar el premio por hallazgo en concepto de descubridora de un cañón de 18 libras del siglo XVIII en Mazagón (Huelva).

De conformidad con lo establecido en el artículo 59.5 de la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, y habida cuenta que ha sido intentada la notificación del acto a la interesada, no habiendo sido posible practicarla, se notifica por medio del presente anuncio en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía así como en el tablón de edictos del correspondiente Ayuntamiento, que se ha dictado Orden de la Sra. Consejera de Cultura denegando premio por hallazgo cuyo texto íntegro es el siguiente:

 «ORDEN DE LA SRA. CONSEJERA DE CULTURA, POR LA QUESE ACUERDA DENEGAR EL PREMIO POR HALLAZGO A DOÑA MARÍA VIVANCOS ANGUITA, EN CONCEPTO DE DESCUBRIDORA DE UN CAÑÓN DE 18 LIBRAS DEL SIGLO XVIII EN MAZAGÓN (HUELVA).

Visto el expediente de premio por hallazgo de un cañón de 18 libras del siglo XVIII en el que es interesada doña María Vivancos Anguita, esta Consejería resuelve con la decisión que se contiene al final de este escrito, a la que sirven de motivación los hechos y fundamentos de derecho que a continuación se indican.

H E C H O S

 Primero. Tras la investigación llevada cabo por el Equipo de Investigación del Seprona de la comandancia de la Guardia Civil de Huelva, se procede en octubre de 2005 a la localización y recuperación de un cañón de 18 libras del siglo XVIII, posiblemente correspondiente a la dotación que artillaba a “El Rayo” o al “Monarca”, barcos que pertenecieron a la Armada Española los cuales participaron en la Batalla de Trafalgar en 1805.

Segundo. La localización del citado cañón tuvo lugar en una vivienda de la localidad de Mazagón (Huelva) propiedad de doña María Vivancos Anguita, la cual tras ser informada del carácter histórico de la pieza hace entrega de la misma a los agentes de la Guardia Civil.

Tercero. El 17 de marzo de 2006 tiene entrada en la Delegación de Cultura de Huelva escrito remitido por doña María Vivancos Anguita solicitando indemnización por la entrega del bien en cuestión, alegando al respecto que el citado cañón se encontraba en la parcela de la finca de su titularidad desde hacía más de cuarenta años por lo que entendía que la propiedad del citado cañón corresponde al titular de dicha parcela, sin perjuicio de la legitimación de la Administración competente para la solicitud de entrega del bien, debido a su carácter histórico, de ahí su retirada.

FUNDAMENTOS JURÍDICOS

Primero. La competencia para resolver el otorgamiento de premio en metálico por hallazgo arqueológico corresponde a la Consejería de Cultura, de conformidad con el artículo 39.6.º de la Ley 6/1983, de 21 de julio, del Gobierno y la Administración de la Comunidad Autónoma, y el artículo 3.14.º del Reglamento de Organización Administrativa del Patrimonio Histórico de Andalucía aprobado por el Decreto 4/1993, de 26 de enero.

 Segundo. En relación a la legislación aplicable al hallazgo, hay que entender que entra dentro del ámbito legal de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español. La citada Ley establece en su artículo 44 que “son bienes de dominio público todos los objetos y restos materiales que posean los valores que son propios del Patrimonio Histórico Español y sean descubiertos como consecuencia de excavaciones, remociones de tierra y obras de cualquier índole o por azar. El descubridor deberá comunicar a la Administración competente su descubrimiento en el plazo máximo de treinta días e inmediatamente cuando se trate de hallazgos casuales. En ningún caso será de aplicación a tales objetos lo dispuesto en el artículo 351 del Código Civil. Una vez comunicado el descubrimiento y hasta que los objetos sean entregados a la Administración competente, al descubridor le serán de aplicación las normas del depósito legal, salvo que los entregue en un museo público.

El descubridor y el propietario del lugar en que hubiese sido encontrado el objeto tienen derecho, en concepto de premio en metálico, a la mitad del valor que en tasación legal se le atribuya, que se distribuirá entre ellos por partes iguales. Si fuesen dos o más los descubridores o los propietarios se mantendrá igual proporción. El incumplimiento de las obligaciones previstas en los apartados 1 y 2 de este artículo privará al descubridor y, en su caso, al propietario del derecho del premio indicado y los objetos quedarán de modo inmediato a disposición de la Administración competente, todo ello sin perjuicio de las responsabilidades a que hubiere lugar y las sanciones que procedan”. A este respecto, cabe mencionar los artículos 79.4 y 80 del Reglamento de Protección del Patrimonio Histórico de Andalucía, aprobado por el Decreto 19/1995, de 7 de febrero, los cuales desde el punto de vista de la normativa autonómica recogen este mismo tipo de obligaciones atribuibles al descubridor.

 Por tanto, se considera que se ha producido un claro incumplimiento de las obligaciones del descubridor, y propietario del inmueble, al no comunicar ni depositar el hallazgo en la forma y condiciones ordenadas por la Administración Cultural y la legislación vigente, salvo cuando, tras una investigación por parte del Seprona, se personan los agentes en el domicilio donde se encuentra la pieza para proceder a su retirada. Como consecuencia de todo ello no resulta acreedor del derecho a percibir el premio en metálico. Y por todo lo expuesto, habida cuenta de las disposiciones citadas y concordantes y las normas de general aplicación,

R E S U E L V O

Denegar el premio por hallazgo a doña María Vivancos Anguita en concepto de descubridora de un cañón de 18 libras del siglo XVIII en Mazagón (Huelva). Contra esta Orden, que pone fin a la vía administrativa, se podrá interponer, desde el día siguiente al de su notificación, potestativamente recurso de reposición ante el mismo órgano que lo dicta en el plazo de un mes, conforme al artículo 116 de la Ley 30/1992 de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común (modificada por la Ley 4/1999, de 13 de enero), o directamente recurso contencioso-administrativo, en el plazo de dos meses, ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, de acuerdo con lo previsto en los artículos 10 y 46 de la Ley 29/1998, de 13 de julio, reguladora de la Jurisdicción Contencioso-Administrativa.

Sevilla, 8 de octubre de 2007. La Consejera de Cultura. Fdo: Rosario Torres Ruiz.» Sevilla, 13 de diciembre de 2007.- El Director General, Jesús Romero Benítez.