Por haber comerciado con puertos rojos del norte de España durante la guerra civil, el Sarastone, un mercante británico, había sido incluido por los vencedores en la llamada «lista negra», y fue bombardeado por un avión alemán a la salida de la Barra de Huelva el 29 de octubre de 1941.
Un moguereño fue el encargado de sacar al Sarastone desde el muelle hasta la Barra
El moguereño Pelayo Infantes Martínez,
práctico del puerto de Huelva, fue el encargado de sacar al buque Sarastone desde el muelle de Tharsis,
hasta la boca de la Barra, donde fue bombardeado por un avión alemán. El Sarastone era un mercante de mediano
tonelaje con cuatro bodegas, dos delante y dos detrás, con la sala de máquinas
y el puente de mando en el centro.
UN TRABAJO DE ESPIONAJE
Cuando el Sarastone zarpó del puerto de Huelva, el telegrafista del mercante
italiano Gaeta, barco espía fondeado en
la isla de Bacuta, se encerró en la sala de radio y transmitió su salida.
Adolfo Claus Kindt, jefe del servicio
secreto militar alemán (Abwehr) en Huelva fue el responsable de las acciones de
espionaje, contraespionaje y sabotaje contra los intereses británicos. Su
hermano Luis Claus, informaba sobre el movimiento de los buques aliados. Adolfo
Claus tenía en Huelva una amplia red de colaboradores a su servicio,
principalmente personas vinculadas al puerto: empleados, estibadores, boteros,
telefonistas, marineros, carabineros y guardas, provisionistas, etc.
Adolfo Clauss Kindt, jefe del servicio secreto militar
alemán (Abwehr) en Huelva
Esta red de espionaje contaba con un
reducido y selecto grupo de falangistas onubenses que constituían un núcleo muy
activo. Uno de estos agentes era Miguel Garzón, telefonista del puerto, el
enlace y hombre de confianza de Adolfo Claus en el tema portuario. Miguel
Garzón Castaño trabajaba en los altos de las oficinas de la comisaría del
puerto, allí estaba el cuarto de los guardas y la habitación aparte de la
centralita telefónica para la Barra y zona interior del puerto. Mediante un
teléfono de manubrio y a través de una línea interior, Garzón mantenía contacto
con el vigía de la Barra que le transmitía los partes de incidencias habidas,
entradas y salida de los barcos, tiempo atmosférico, estado de la mar, etc.
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| Casa del vigía |
Adolfo Claus mantenía además otro lugar de contacto con sus colaboradores, el “Bar La Palma”, en la Avenida de Italia, esquina a la calle Miguel Redondo, frente a la estación del tren. Allí, en un reservado del local se reunía muy temprano, a las seis de la mañana, nada más abrir, con un grupo de personas, generalmente marineros y estibadores del puerto, para darles directrices e instrucciones.
La
embajada británica hizo saber al Ministerio español de Asuntos Exteriores, que
el ataque fue un plan cuidadosamente premeditado, en el que estaban en complot
el Cuartel General del Aire alemán, agentes alemanes en Huelva y el mercante
espía Gaeta.
EL ATAQUE SE
PRODUJO CUANDO EL PRÁCTICO ABANDONÓ EL BARCO
Pelayo condujo al Sarastone hasta la entrada misma de la Barra, allí abandonó el
barco y fue recogido por la canoa de los prácticos. No hizo la canoa más que
distanciarse unos 300 m. del costado del buque, cuando sobre el cielo surgió el
avión alemán. Los artilleros del Sarastone
no tuvieron tiempo de reaccionar. Dos bombas cayeron entre el palo de proa
y el puente de mando, en la bodega nº 2, sacudiendo el barco de proa a popa. En
pocos segundos llamas y nubes de humo brotaron de las escotillas alcanzando una
altura espectacular. El capitán desde el puente vio cómo el costado del
mercante se desgarraba y empezaba a partirse por delante del puente de mando.
La bodega nº 2 hacía agua. Sabía que no llegaría muy lejos, aún así trató de
virar y poner rumbo a la costa en un intento de embarrancar en la cercana playa
de Mazagón, pero no lo consiguió. El puente era ya un infierno llameante y el
agua empezó a penetrar por todos lados, así que ordenó arriar los botes y
desalojar el buque. Quince minutos duró la agonía del Sarastone. De los veintitrés marineros y seis artilleros que
componían la dotación del buque, hubo que lamentar un desaparecido –el jefe de
máquinas- y tres heridos. Todos los pesqueros que faenaban en las proximidades
o regresaban a puerto empezaron a encender sus luces y a tocar las sirenas. Dos
de ellos, Dos Hermanos y Teresa, que se aproximaban hacia la boca
de la Barra, recogieron a los náufragos y los desembarcaron en Huelva.
Los restos del Sarastone
siguen hundidos a la entrada de la Barra, en 37° 05' 10" N - 6° 48'
30" W.
Fotografías y texto extraído del libro Espías y neutrales: Huelva en la II Guerra
Mundial, de Jesús Ramírez Copeiro del Villar.
José Antonio
Mayo Abargues


