En la finca “Las Madres”
Laguna
de Las Madres. Junto a esta laguna comenzó el cultivo de la fresa
La
historia contemporánea del cultivo del fresón de Huelva arranca en los años 60,
en las plantaciones experimentales (de claveles, espárragos y fresas) de “Sur
Hortícola”, es decir, de D. Antonio Medina, en la finca “Las Madres”, situada
en el término municipal de Moguer, y a poca distancia de Palos, en la carretera
a la playa de Mazagón, junto a una laguna y a una turbera. En esos momentos el
Sr. Medina no tenía claro todavía el aprovechamiento agrícola que le daría a la
finca, de ahí los ensayos citados, y sólo existía, sobre un suelo arenoso y
pobre de materia orgánica, la posibilidad de utilización del agua que, para
poder extraer la turba, se venía tirando al mar por drenaje de la laguna. Y en
esos ensayos se estaba cuando aparecieron las primeras plantas de una variedad
de fresa denominada Tioga, que se venía cultivando en la finca “La Mayora”, en
Vélez-Málaga, bajo la dirección del Dr. Bimber, en un consorcio hispano-alemán
en el que España aportaba el centro experimental y Alemania los técnicos.
Con esta planta californiana comenzó todo. En
los años 70 se desencadenó en Palos una carrera frenética con el cultivo de
esta variedad, suministrada en su mayoría por los viveros que empezó a crear el
propio Sr. Medina (primero en la sierra norte de Sevilla y después en el Duero)
y la firma Planasa.
Fueron
los años en que el “Fresón de Palos” tomó carta de naturaleza en Sevilla y,
sobre todo, en Madrid. La época en que los asentadores de la capital de España
enviaban una y otra vez sus cajas de madera, con una tapa cada dos cajas y un
atado para poder manejarlas. Aquellas cajas viajaron durante años de Palos de
la Frontera a los mercados y viceversa.
La
recolección de la fresa se hacía muy temprano, empezaba la faena al amanecer,
para terminar alrededor de las dos de la tarde, hora en que había que situar la
mercancía en las “cocheras” de los camiones, que emprendían seguidamente el
camino hacia Madrid, adonde llegaba de madrugada, concretamente al viejo
mercado de Legazpi, en el que la fruta era vendida. Se descansaba de recolectar
el sábado y se volvía al trabajo el domingo, para las ventas del lunes.
Y fue en esos años, en la finca “Las Madres”, cuando el segundo camión recolectado en el día se empezó a desviar a Barcelona, abriéndose un nuevo mercado. También comienza la exportación a Europa y, seguidamente, la revolución en el cultivo: riego localizado, acolchamiento de los caballones con plástico negro y tunelillos de protección.
Fuente: Sociedad Cooperativa Santa María de La Rábida (CORA).
Fotos: José Antonio Mayo

